



El Amigos de Friggs-Amigos de Villa ha acabado con empate a cuatro, un resultado corto para el vendaval de ocasiones que han disfrutado los dos equipos. Los alemanes se han dado cuenta de que el partido no era benéfico cuando ya era demasiado tarde, cuando en el Fraggel, con la llegada de los clientes habituales que habían terminado sus tareas campesinas, han sustituido la narración del partido por parte de Carlos Martínez y Michael Robinson por música heavy. Cuando Ángel ha abandonado su timba porque, en el fondo, estaba perdiendo dinero mientras perdía también parte de su alma, volcada en un Valencia que, pese a que ha marcado cuatro goles fuera de casa, ha sufrido hasta el pitido final.

Hoy he hecho eso pero no les he confesado un secreto: todas las veces en mi vida que he comentado un partido por la radio el Valencia ha empatado a uno. Durante muchos momentos del partido ha pasado por mi mente la imagen de ese empate a uno que me persigue desde hace tres años, cuando una y otra vez Villa, Mata o Pablo se estrellaban contra el portero belga. He visto ese gol tonto que marcaba el Brugge en su única ocasión de peligro y que comenzaba la letanía de protestas por cada caída, Marchena y Albelda metidos en todos los fregados y el público llamándole "burro" a un danés perplejo por que la gente le llamaba "mantequilla", probablemente porque, de ir a restaurantes italianos pensaría que esa era la traducción de lo que le decían desde la grada.

Todo tiene una explicación. Estoy en Tánger, trabajando en el festival “Tánger crea”, y la sala de prensa que hemos tenido que improvisar hoy era la cafetería del Cinéma Rif, la sala que sirve de cinemateca tangerina, en la que hay internet gratis para todo aquel que lleve su portátil. Sin embargo, hay tal volumen de gente pasando la tarde con un mísero té y enganchada a su notebook que los 36 megas de banda ancha que promete mi ordenador proporcionarme se convierten en algunos kilobytes que, casi por compasión, me permiten descargar algunas páginas. Con esa lentitud, he trabajado toda la tarde y, a las ocho (una hora más en Mestalla), he recordado que jugaba el Valencia. En un principio he pensado que era inútil conectarme a una página como “rojadirecta” para ver el partido en streaming, comentado en polaco o cantonés, y he optado por la información inmediata que ofrece un diario deportivo español que tiene a un tipo siguiendo a Cristiano Ronaldo y otro a Laporta durante las 24 horas del día. Pero, cuando he comprobado que, en dicha página, daban dos alineaciones distintas del Valencia (una con Zigic, otra sin Zigic), según la banda que miraras, he empezado a mosquearme. Como en ese momento he empezado a oler el inconfundible aroma de un porro de costo marroquí, algo que los entendidos en el fumeteo valorarán en su justa medida, me he hecho el valiente y he dicho: “en rojadirecta seguro que juega Zigic”. De modo que me he conectado al streaming y la primera imagen que ha aparecido en movimiento ha sido la que he relatado antes, de tres segundos de duración. Así que he vuelto a la apasionante narración literaria que duda entre metaforizar a Zigic o convertirlo en retruécano.
El caso es que, mientras veía el apasionante duelo entre el colista y el líder, he buscado el resumen del partido por todas las cadenas. Pero sólo he encontrado telenovelas, rezos musulmanes, películas desérticas y debates en francés. Hasta que he llegado a Televisión Española Internacional y, pese a que estaban dando un programa de presos comunes, he puesto el teletexto para saber que habíamos ganado por tres a uno, que Joaquín había metido dos goles (ya me extrañaba a mí que Miku hubiera hecho una vaselina en el primero) y que Mata sentenció en la segunda parte. Lo que me huele a sufrimiento, nervios y caras de “ja estem una altra vegada” en Mestalla. O quizás no fue así y es el aroma a costo que se me ha instalado en la pituitaria y me hace alucinar, como siempre, en negativo. 


Al llegar al hotel he sabido que el Valencia había ganado por 3 a 2 al Genoa, que la vida sigue igual, que jugó un rato un centrocampista con nombre de momia en la película de terror que acabo de ver, que Villa nos ha salvado de una nueva catástrofe y que el juego del Valencia sigue dando argumentos a Paco Plaza para hacer películas de terror.
