martes, 19 de abril de 2011

Eyjafjallajökull

Hace unos días, una persona que acababa de conocer me contó que la nube de cenizas del volcán Eyjafjallajökull (juro que no volveré a escribirlo más en este artículo) le cambió la vida. Hace exactamente un año marchó de vacaciones al norte de Italia con la que era su pareja durante los últimos diez años y quedó atrapada por culpa de la nube volcánica sin poder volver a su casa. En ese periodo de tiempo, se dio cuenta de que la relación que había mantenido viva durante un decenio era un cadáver sentimental. Su vida, me decía, había cambiado por un incidente inesperado, por un acontecimiento natural fortuito, un año atrás, como si esa nube, aparte de arrastrar cenizas volcánicas, hubiera arrastrado parte de su pasado.

La crónica volcánica del Almería-Valencia en L'informatiu.

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